Día 6: Atajos y recortes acertados, pero sin encontrar la puerta

 El día comienza más pronto de lo habitual,  ya que teníamos que coger un autobús a Chiang Rai a las 07:30 horas, por lo que a las 05:40 toca levantar, desayunar frugalmente las viandas del desayuno y coger el picnic que nos habían dejado preparado en la cocina. Todo hay que decirlo, estaba bueno, pan de molde con mejunje raro, dos trozos de fruta (mango y fruta del dragón). Como ya es habitual pedimos un Grab, pero al montarnos nos dimos cuenta de que íbamos un poco justos, bueno de momento en tiempo... Según íbamos en ruta nos dimos cuenta que había varios atascos de tráfico que el conductor iba esquivando saltándose la ruta prefijada por la aplicación, mientras se reía y miraba señalando las caravanas, decía "five stars", nos había tocado el conductor que sabía todos los atajos de la ciudad, y ¡menos mal!.
Llegamos bien a la estación de autobuses y los conductores y el personal se rieron al ver que en vez de un billete les dábamos un taco de folios encuadernados con anillas con el billete entre ellos. Pero todavía más se rieron a moco tendido cuando nos dijeron que subiésemos al autobús, y en vez de entrar por la puerta que teníamos justo en la cara, y que estaban señalando, nos ven desaparecer por la parte de atrás del autobús y volver a aparecer por el otro lado después de dar la vuelta completa a todo el autobús, ¡Cosas de conducir por la izquierda!.
Monkey M que conocía a la ruta, sabía que el autobús pasaba justo al lado del templo blanco, (nuestro primer destino a visitar), pero no había una parada allí, el autobús tenía una parada a unos veinte minutos pasado ya el templo. Por lo que nos pasábamos de largo del templo y luego tendríamos que volver a él habiendo pasado justo a su lado, con la consiguiente pérdida de tiempo y dinero, por lo que usando poderes adquiridos con el paso de las aventuras de los monkeys, le preguntó al conductor si nos podía dejar en el templo blanco, al principio dijo uno de los miembros del personal que no, pero al final el conductor entre risas dijo que sí. Creo que pensó que, si son tan tontos de no encontrar la puerta del autobús iba a ser poco probable que consiguieran encontrar el templo blanco si no nos paraba justo enfrente. Así que, ya en ruta y después de ver como el conductor le daba un destornillador a otro pasajero para que desatascara la puerta para ir al baño, conseguirlo y comprobar después en mis propias carnes que al menos son necesarios tres puntos de apoyo para mear en una carretera con curvas llegamos al templo blanco. 
Después de pagar la entrada, nos guardaron las mochilas en una caseta de obra y accedemos a ver el gran palacio, al más puro estilo decorativo gitano, brilli, brillo y dorado por todos lados. Raro y curioso de ver la verdad, más que un templo es un montón de personajes de películas y famosos que según monkey M representa que la sociedad se pierde en esas cosas representadas por lo superfluo y no alcanza la tranquilidad espiritual por ello. Yo he visto un montón de personajes figuras y naves espaciales de Star Wars y ¡me vale!

Recogimos las maletas, regateamos algo menos de un euro para un songthaew compartido (era el precio que salía el Grab, por eso el regateo), y rumbo al templo azul. Como cada templo, tiene sus cosas propias, pero los colores azules mezclados con otros tenían su gracia, eso sí, también más que un templo, parecía la representación formal del desequilibrio mental del autor.
Finalizada la visita decidimos dar una vuelta para buscar comida. Monkey M pensó que la civilización tailandesa desarrolla sus núcleos urbanos en torno a los 7 Eleven, así que, efectivamente, junto al más cercano había un mercado donde entre peces vivos, ranas, tortugas y otras especies animales encontramos el auténtico TFC (Thailandia Friend Chicken), o lo que es lo mismo, un puesto regentado por una familia de chinos que vendía pollo frito. Con los víveres en la mano fuimos al 7 Eleven, compramos las bebidas y el café latte iced, para comerlo todo en las escaleras del súper (like a tennagers). Después de la comida, Grab y al aeropuerto para volar de nuevo a Bangkok.
Ya con los pies puestos de nuevo en Bangkok, esta vez en el otro aeropuerto de los dos que tiene la ciudad, decidimos aventurarnos a utilizar el autobús urbano del transporte público. Para nuestra sorpresa apenas íbamos cuatro o cinco personas en el autobús, eso sí intentamos un par de veces hablar con el conductor y me imagino que aunque no entiendo tailandés, nos mandó un poquito a la m*****, siempre nos remitía a hablar con la revisora, que fue quien nos vendió los billetes y de mala gana nos contestó a alguna pregunta después de continuar durmiendo. 
Tardamos mucho menos de lo previsto en llegar a la zona donde estaba nuestro siguiente hotel, un hotel halal, la verdad que el hotel estaba bien. Después de dejar las maletas en el hotel decidimos bajar a la calle para cenar algo. Cenamos en un restaurante tipo hindú, pero que tenía todo tipo de comida, en una ventana que estaba abierta justo al lado de nuestra mesa había un asiático cenando mientras nos miraba muy atentamente. La verdad que el tío daba la sensación de tener la mirada de loco pero la cena transcurrió sin incidentes. 
Finalmente y ya considerablemente cansados decidimos volver a la habitación para descansar para el día siguiente.

Comentarios

  1. Las fotos preciosísimas y las aventuras super divertidas 😂🤣😂🤣 vaya experiencia fabulosa estáis viviendo, seguír disfrutando 🥳🤪

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  2. Síii, nos está saliendo todo muy bien y con un montón de anecdotas!! Besos!!!

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