Día 17: ¡¡Sawatdee Tailandia!! Siempre en nuestros corazones
Llegamos a nuestro último día, con gran pena nos despedimos de este viajazo...
Después de desayunar, nos dirigimos a la estación donde al día siguiente cogeríamos el tren al aeropuerto para: por un lado ver cuánto nos costaban los billetes y poder gastarnos el dinero que nos quedaba cambiado y por otro lado asegurarnos de coger el tren correcto sin perder el tiempo.
Allí mismo cogimos un metro que nos dejó al lado de la torre Mahanakhon, el edificio de Minecraft, como le llamábamos nosotros. No subimos, sólo lo vimos desde abajo, y ciertamente es curioso, pero no nos impresionó demasiado, ya que en China nos subimos a la SWFC que mide 178 metros más, que es mucho.
Nos quedamos paseando por la zona y me di cuenta de que por allí cerca estaba el Unicorn café, una cafetería decorada con unicornios y pequeños ponys que hubiera sido un sueño hecho realidad para la Monkey M niña (y para la adulta también, pero tendría que mantener un poco la compostura).
El caso es que vi en internet que los Lunes estaba cerrada y los monkeys V y A se ahorraron la vergüenza de tener que entrar y verme disfrazada de unicornio, (porque tengo claro que ellos no lo hubiesen hecho). Igualmente nos acercamos y aunque la persiana estaba echada, me pude hacer un par de fotillos en la entrada.
Después de estar recorriendo la zona, acabamos en el supermercado de un centro comercial curioseando las estanterías y comprando algunas cosillas para probar.
Como no teníamos ningún plan en especial para la tarde y los monkeys V y A estaban deseando llamar a Toni, acabamos haciéndolo y quedamos con él para dar un paseíto y tomarnos algo.
Vino a recogernos al hotel bien puntual y nos fuimos a callejear por la zona mientras nos contaba su vida y nos tomábamos unas cervecitas.
Monkey A fue el que más lo disfrutó, preguntándole un montón cosas, y Toni encantado porque podía practicar el idioma. Entre todo lo que le preguntó, le pidió que nos dijera el nombre completo de Bangkok, que es larguísimo, y nos lo cantó, porque parece ser que se lo aprenden así para que sea más fácil, igual que Monkey A con la canción de las provincias.
Nos despedimos de él ya en el hotel, y como aún nos habían sobrado unos bahts, decidimos acabar el viaje haciéndonos un masaje de pies, hombros y cabeza antes de ir a dormir, dando así nuestro último espectáculo de gritos y risas en Tailandia...


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