Día 9: Un Buda desmesurado, un mercado con la mochila a cuestas y un final sobre raíles.


Hemos amanecido temprano para aprovechar a tope este largo día en la calle. Hoy cogíamos el tren nocturno para llegar al pueblo desde el que cogeríamos el ferry para llegar a la isla de Koh Tao, así que como no teníamos hotel, nuestra primera intención era dejar las mochilas en el hotel que habíamos dormido, ir a visitar el Big Buda, volver al hotel, recoger las mochilas e ir al mercado de Chatuchak, que abre hoy domingo, y pasar allí el rato hasta que saliese el tren, que está relativamente cerca (25 minutos a pata).
Bueno, pues como todo está a unas distancias enormes, hemos decidido llevarnos todo a cuestas y no dar tantas vueltas.
Cogimos un Grab desde el hotel para ir al "Wat Paknam" (como ya deberíais haber deducido, Wat, quiere decir templo) o Big Buda como se le conoce ahora.
Hoy domingo había más gente en todas partes, así que pillamos un poco de atasco, pero finalmente llegamos al Buda más alto de Bangkok. Fue una pena llegar y ver qué la mitad del Buda estaba cubierto de andamios, pero igualmente impresionaba, aunque nos haya fastidiado la foto de recuerdo.
Entramos en el templo más psicodélico que hemos visitado, era como de otro planeta. Enseguida nos abordó el guarda de seguridad, "E" entendimos que se llamaba, pero seguro que no era ese su nombre, aunque así es como sonaba. Un tío encantador que se ofreció a hacernos unas fotos (el decía ser fotógrafo y la verdad que no hizo malas fotos) y explicarnos un poco el templo, luego nos sacó a la terraza y nos hizo unas fotos con el Buda de fondo, la pena es que se veía de espaldas, pero fue increíble la amabilidad del hombre. 
Bajamos a ver el Buda de frente y conseguimos hacer unas fotillos camuflando el andamio.
Tocaba una pequeña caminata hasta el metro, donde cogimos ruta al mercado de Chatuchak.
Nos dimos una vuelta, pero la verdad que no nos paramos ni a mirar los puestos. Fuimos viendo el ambiente paseando, paramos a comer un kebab y Monkey A un Hot dog Koreano, y aprovechar para descansar de las mochilas, y después nos fuimos a la zona donde tenían animalillos para entretener a Monkey A un rato que se lo había ganado (vimos cientos de peces de todo tip,  roedores varios, tortugas, tucanes, e incluso un mono enano. Además de la correspondiente comida viva para ellos). Después de hacer unas compritas en el 7 Eleven para picar en el tren, fuimos a la estación, que parecía un aeropuerto. Una vez más la suerte estuvo de nuestra parte, pues justo cuando estábamos llegando empezó a jarrear de lo lindo.
Esperamos un ratito a qué abriesen la entrada a nuestro tren, y con Monkey A como una moto, y nosotros cagados con el recuerdo de trenes nocturnos en China, montamos por fin.
El tren era bastante viejo, pero con el referente que teníamos en mente, nos pareció maravilloso. A Monkey A todo esto le estaba pareciendo la aventura de su vida. Viajar en tren nocturno en un vagón con literas cerradas solo con una cortinilla ¡Vaya planazo! 
Los de alrededor nuestro eran mochileros, así que él se sentía super integrado en el ambiente, y queriendo participar de alguna conversación que tuvimos.
Después de ver cómo convertían los asientos de abajo en cama, nos metimos en nuestra cueva a cenar lo que habíamos comprado, mientras un hombre se paseaba vendiendo platos para cenar y le ofreció a Monkey V una cerveza que llevaba escondida. Suponemos que estaría prohibido, porque hablaba como si estuviese revelando secretos de Estado. El caso es que Monkey V le dijo que no, y el hombre paso otras 3 veces ofreciéndosela, hasta que Monkey V se la compró. Debió verle con ganas, y razón no le faltaba.
Y después de cenar y colocar todo el equipaje en el cubículo de Monkey V para tenerlo controlado y que durmiese apretadito, Monkey A y yo nos acurrucamos en una de las camas dejando una libre, porque la verdad, es que me daba un poco de cosilla dejarle solo en su cama.
No daba un duro por ello, pero conseguimos dormir unas horitas hasta llegar a Chumphon. Me puse el despertador una hora antes de llegar, por si las moscas. Porque no teníamos claro, si la revisora Rotenmeyer nos iba a despertar, o no. Un chico argentino que dormía encima nuestro le preguntó si nos avisarían y casi le muerde, así que yo por si las moscas, me desperté con tiempo.
El tren salió y llegó con puntualidad Británica, y nos bajamos aún de noche a esperar el traslado hasta el puerto de donde salía el ferry para ir a Koh Tao. Pero esto ya os lo cuento mañana...

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