Día 7: Bangkok, second round

Empezamos nuestra segunda etapa en Bangkok, y es que como los transportes a las otras provincias pasan por aquí, hemos decidido dividir la ciudad en 3 etapas, alojándonos en zonas diferentes.
Nos toca pasar un par de días en la parte "vieja" y más típica de esta enorme ciudad.
Empezamos el día con un buen desayuno para coger fuerzas para visitar el gran palacio. Lo tenemos a 15 minutos del hotel, así que en un paseíto llegamos.
Por supuesto, por el camino los Tuk Tuk intentaron engañarnos con el clásico timo de que el palacio abre al mediodía para colarnos un paseo absurdo por la ciudad, pero como ya nos lo sabíamos, no les hicimos caso...esto ya no es Chiang Mai amigos, aquí hay otra picaresca...
Llegamos al gran palacio y vimos que esto es una verbena de turistas, aunque a decir verdad, había menos de lo que esperábamos.
El sitio es bonito, pero lo cierto es que hemos visto ya tantos templos, que están dejando de sorprendernos...
Llegamos al famoso buda esmeralda, que es de jade, y conseguimos apenas imaginar cómo es. Está en un altar precioso, pero muy alto y alejado de la zona desde la que se puede acceder y dado su minúsculo tamaño, apenas se distinguía.
Está prohibido grabar y sacar fotos, así que salimos a la puerta del templo para tratar de fotografiarnos allí con el buda al fondo. Y de repente...¡Hostia terrible! Noto cómo casi algo me amputa el dedo meñique del pie izquierdo, y es que Monkey A se subió "sin querer" a un pichote metálico de esos que usan para atar cintas con las que delimitan los accesos (no se si me explico) y lo movió, con tal mala suerte que me pilló el dedo con la base, con la consiguiente herida y juramentos en hebreo, porque aún no hemos aprendido a hablar en Tailandés.
Después de un pequeño mal rato y tras ver que no había sido nada grave, me puse una tirita, saqué el dedo por fuera de la sandalia (como la alcaldesa de Jerez) y listo.
Después de la visita al gran palacio fuimos a ver un espectáculo de baile y ropas tradicionales a un teatro (que estaba incluido con la entrada). Era una cosa cortita, pero fue entretenido y nos escapamos del calorazo de Bangkok un ratito.
Continuamos la ruta de turisteo con el templo "Wat Pho" o templo del buda reclinado. Mira que es grande de cojones; pues estuvimos dando vueltas por el recinto sin encontrarlo hasta que vimos un mapa y pudimos ubicarlo. Por el camino nos encontramos con una ceremonia en el templo en la que había unos cuantos monjes cantando mientras sujetaban una cuerda atada a las cabezas de varios feligreses (o como se llamen aquí). No entendimos nada, pero a mí me recordó a la película Avatar, puede ser que sacaran la idea de conectarse al árbol de aquí...
Por fin llegamos al inmenso buda reclinado, que al igual que el genio de Aladdín, tenía "un espacio chiquitín para vivir". Abarrotado de gente y con tal dimensión, casi nos fue imposible sacar una foto del Buda entero, pero con mi maravilloso trípode de Shein, colándolo en una ventana, lo conseguimos. La verdad es que es impresionante el tamaño de este Buda.
Por fin acabamos las visitas del día y nos fuimos a comer a la famosa calle Khaosan (que nada tiene que ver con la Khaosan nocturna) y nos fuimos a estrenar la piscina del hotel, que falta nos hacía.
Para finalizar el día, ya de noche nos dimos un paseíto por Rambutri y Khaosan nocturno. Una locura, había más gente ofreciéndote gas de la risa que turistas, pero aún así había un jaleo de la pera.
Mucho más tranquilas y bonitas, las calles Rambutri y Phra Athit nos sirvieron para picar algo de cenar y dar un paseíto antes de ir a dormir. Mañana toca madrugar otra vez...

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