Día 16: Tachando cosas pendientes de la lista en el tiempo de descuento
Nuestros dos últimos días en este precioso país, los hemos pasado en la zona de Siam, zona de centros comerciales y relativamente cercana al parque Lumphini y zona de rascacielos.
Precisamente nuestro primer objetivo del día era ir al parque Lumphini, una gran zona verde donde la gente va a hacer deporte, con un lago en el que hay varanos, que son unos lagartos bastante grandes y nos hacía gracia ver.
Dejamos las mochilas en nuestro último hotel, situado en una zona estratégica para movernos (al lado de todo tipo de transportes públicos) y sobre todo para la vuelta a casa, ya que estaba cercano a la estación del tren que nos llevaría al aeropuerto.
Como habíamos llegado muy pronto a Bangkok, tuvimos que dejar las mochilas en recepción y cogimos ruta hacia Lumphini. Tras una larga caminata, cuando estábamos llegando, se nos paró al lado un hombre que iba en bicicleta y nos preguntó de dónde éramos. Se le iluminó la cara, ya que había estado viviendo en Barcelona una temporada y quiso practicar con nosotros el español que había aprendido, así que se vino con nosotros hasta el parque. Nos dijo que se llamaba Toni (aunque en realidad no es su nombre, es el que utiliza para que podamos llamarle de alguna manera sencilla para nosotros) y tras charlar un rato con él, nos despedimos a la entrada al parque donde nos quedamos a desayunar en un mercado local.
Ya dentro del parque, que era más pequeño de lo que pensaba, mientras dábamos un paseo nos volvimos a encontrar con Toni, que se acercó nuevamente. Acabó haciéndonos una invitación a su casa y dándonos su teléfono por si queríamos quedar con él un rato antes de marcharnos.
Mientras charlábamos, Monkey A, vio al primer varano, montando el escándalo correspondiente, claro.
Después de despedirnos nuevamente de Toni, nos acercamos al lago, donde rápidamente vimos a un varano grandote comiéndose un pez mientras nos vigilaba de reojo. Allí que nos quedamos hasta que se lo tragó enterito y continuamos el paseo buscando más lagartos, que los había por toda la orilla.
Decidimos hacer la turistada de montarnos en un pedalín con forma de pollo y dimos una vueltita corta por el lago, que con lo que costaba mover eso y el calor que apretaba, acabamos sudando la gota gorda.
Al acabar el paseíto decidimos acercarnos al hotel a ver si teníamos la habitación para pegarnos una ducha, que desde que salimos el día anterior hacia el mirador de la isla no habíamos podido apenas asearnos y no nos aguantábamos ni nosotros. Tuvimos suerte y encontramos un autobús que nos dejaba en la puerta del hotel donde ya teníamos lista la habitación, así que hicimos un necesario y merecido descanso.
Ya al mediodía, fuimos hacia la zona de centros comerciales para dar una vuelta y buscar algún sitio para comer. Estuvimos curioseando por las tiendas, a ver si encontrábamos "el marco" para la foto del viaje, que ya es tradición y nos estaba costando, y finalmente encontramos en una tienda los mismos que habíamos visto en nuestra anterior parada en Bangkok. Como era lo único que habíamos visto en todo el viaje, no nos quisimos arriesgar a esperar más y elegimos el que más nos gustó.
Con respecto al tema de las compras, la verdad es que no hemos entendido muy bien a la gente que dice que se viene con una maleta llena, porque nosotros no hemos comprado nada. Sí que es cierto que nos da mucha rabia gastar tiempo en eso, pero lo que hemos encontrado por las zonas que nos hemos movido eran todo mercadillos en los que nos daba mucha pereza parar y ponernos a rebuscar para luego invertir más tiempo en regatear. Bueno, entendemos que serán prioridades distintas en torno a un viaje, a nosotros no nos gusta gastar el tiempo en eso...
Para finalizar el día, fuimos con el tiempo pegado al culo al metro para acercarnos al río a coger el barco turístico y dar una vuelta al atardecer por el Chao Phraya, el río de Bangkok. Tanto apuramos que sólo pudimos coger el barco de ida, ya que era el último. Desde el río pudimos ver el Wat Arun (entre otras cosas), que nos había quedado pendiente, y aunque sólo lo vimos desde el barco, nos pareció muy bonito ya iluminado anocheciendo.
Nos bajamos en la última parada del barco en una zona que ya conocíamos cerca de la calle Rambuttri y fuimos caminando sin rumbo fijo, hasta que acabamos atravesando una universidad antes de poner el GPS para empezar a caminar con un objetivo, que era ir acercándonos hacia el hotel, que estaba a tomar por el saco de allí.
Caminando, caminando....llegamos a la zona donde nos alojamos al llegar el primer día a Bangkok y decidimos que ya estaba bien de patear y para el regocijo de Monkey A, cogimos un Tuk Tuk, que nos puso luces y música para volver al hotel. La que pudo liar en el Tuk tuk...todo el viaje bailando y gritando de los nervios que tenía, el conductor tenía que ir flipando...se nos hizo corto el paseo, la verdad es que fue una turistada total, pero lo pasamos muy bien.
Llegamos en un periquete y nos fuimos a cenar un pescadito a la barbacoa en la calle de al lado. Aunque a mí no me apetecía mucho lo que estábamos comiendo, visto el río donde los pescan, Monkey A se lo devoró.
Ya por fin, una vez más agotados, nos fuimos a dormir para encarar el último día en Tailandia.
Comentarios
Publicar un comentario