Día 15: Manual del monkey despistado para perderse en una isla

 Arrancábamos la mañana acabando de preparar las mochilas para dejarlas en recepción y poder aprovechar las horas que nos quedaban en la isla haciendo una ruta a un famoso mirador antes de coger el barco de vuelta a Chumphon. 
En teoría la ruta era sencilla, había que bajar hacia el sur de Koh Tao y seguir las indicaciones que nos íbamos a encontrar al mirador de John Suwan. Bueno, pues eso hicimos pero dando un rodeo involuntario...que si no, se nos iba a hacer corto el camino, claro.
Todo iba bien hasta que nos encontramos con un cartel que decía Viewpoint, y allá que nos fuimos. Pagamos la entrada y nos encontramos con un bar con unas plataformas muy chulas y vistas de la isla, pero a mí no me cuadraba, porque había leído que para subir había que escalar por unas rocas y eso me había parecido demasiado fácil...llegué a pensar que la gente era muy exagerada hablando de la caminata hacia el mirador, pero me parecía demasiada exageración, así que miramos en internet, y claramente nos habíamos metido donde no era. Bueno, al menos la entrada nos incluía un refresco, así que nos lo tomamos allí tranquilitos y proseguimos nuestra ruta con la esperanza de no volver a liarla.

Pero como el monkey es otro animal que tropieza dos veces en la misma piedra...
Llegamos al verdadero mirador John Suwan que estaba unos pasos más adelante del anterior y pagamos la entrada. Estaba incluído el acceso a Freedom beach, pero no teníamos tiempo de darnos otro chapuzón, así que la intención era subir directos a ver las vistas...
Fuimos caminando por el sendero lógico, vimos la playita desde arriba y nos dimos cuenta de que el camino se nos estaba complicando mucho, teniendo que trepar por unas rocas un poco peligrosas, que por lo que había leído podrían ser las correctas, pero me faltaba la cuerda para ayudarnos a subir (que también lo había leído en internet), así que empezamos a mosquearnos...decidimos volver sobre nuestros pasos y en una curva que había casi al empezar la ruta, vimos un cartel que marcaba la subida al mirador, pero estaba casi completamente tapado con pegatinas que nos impidieron leerlo y ahí fue donde la liamos nuevamente.
Ya en la ruta correcta, conseguimos llegar hasta arriba en una subida no apta para todos los públicos, pero con unas vistas muy bonitas de la isla. 

Después de esta pequeña aventura matutina, fuimos a por las mochilas y a comprar unos bocadillos ya que tocaba ir al muelle a coger el ferry.
El resto del día transcurrió sin más problemas; después del ferry nos montamos en un autobús de dos pisos (Monkey A encantado sentado en la primera fila de arriba) y llegamos a la estación de tren. Teníamos la tarde libre hasta que saliera el tren a la noche hacia Bangkok, así que dejamos las mochilas en un bar cercano, que las guardaba a cambio de una propina voluntaria y encima le dieron un helado a Monkey A (si es que son un encanto, no me cansaré de decirlo).
Dimos una vueltita por los alrededores y finalizamos cenando en un mercado nocturno que había al lado de la estación. 
Aprovechamos para completar otra de las misiones que teníamos pendientes durante nuestro viaje...probar el Durian, una fruta muy famosa en Tailandia, no por su sabor, sino por su pestilente olor. Dicen que huele muy mal, (tanto que está prohibida en muchos de los hoteles donde nos hemos alojado), pero el sabor es bueno, así que nos tapamos la nariz para introducir un trozo en la boca y...
sí, sabía tan mal como olía, el único que tragó un trozo fue Monkey V, ya que los otros dos no fuimos capaces casi ni de chuparla. Ese olor y sabor se nos quedó marcado hasta el día siguiente, desde ese momento todo nos olía así...
Llegó el momento de montar en el tren y esta vez Monkey A y yo habíamos cogido plaza en un compartimento cerrado, esto ya es otra historia...así sí se viaja bien...trincados con las mochilas en el compartimento y durmiendo cada uno en su litera en pijamita, conseguimos descansar un poco mejor que en el tren de ida. Monkey V hizo el trayecto en el coche cama compartido, igual que a la ida, pero también más tranquilo, ya que las mochilas las teníamos nosotros. 
Después de quitarnos la espinita de este tipo de trayectos en compartimento cerrado, claramente hemos decidido que para viajes posteriores, será una de las mejores opciones si la ruta nos lo permite, despertarte en el destino siguiente descansado y ahorrándote una noche de hotel...
Al bajar del tren ya en Bangkok, le estábamos haciendo una foto a Monkey A con el tren y dos amables trabajadores vinieron corriendo a ponerse en la foto, ¡mucho mejor así! jajaja.
Bueno, mañana os cuento qué nuevas aventuras nos quedan por vivir...

Comentarios